Los principales eventos que Cristina Kirchner se perderá en Estados Unidos por corrupta

La ex mandataria fue vetada de por vida, junto a sus hijos y su principal ministro y mano derecha, Julio De Vido, para ingresar a norteamérica por liderar una banda delictiva

Política22 de marzo de 2025Redacción Primicia 24Redacción Primicia 24
Estados Unidos endurece su postura frente a la corrupción y despliega una estrategia que va más allá del impacto judicial. La reciente decisión del Departamento de Estado de prohibir el ingreso a
Estados Unidos endurece su postura frente a la corrupción y despliega una estrategia que va más allá del impacto judicial. La reciente decisión del Departamento de Estado de prohibir el ingreso a

Estados Unidos endurece su postura frente a la corrupción y despliega una estrategia que va más allá del impacto judicial. La reciente decisión del Departamento de Estado de prohibir el ingreso a su territorio a Cristina Fernández de Kirchner y su ex ministro de Planificación, Julio De Vido, pone de manifiesto una agenda que conjuga la diplomacia con la geopolítica de los valores. A partir de ahora, la ex presidenta argentina se encuentra en una lista que no admite doble interpretación: para el gobierno de Washington, su figura representa la antítesis de la transparencia y la rendición de cuentas.

La prohibición no es meramente simbólica. En términos políticos, representa un estigma que ubica a Fernández de Kirchner en un grupo selecto de líderes cuyo acceso a territorio estadounidense ha sido revocado por actos de corrupción significativa. La medida no solo la priva de ingresar a un país clave en el tablero internacional, sino que también la excluye de participar en eventos de alta visibilidad global, donde convergen poder político y económico. El calendario de los próximos cinco años en Estados Unidos estará marcado por una serie de acontecimientos que delinearán el pulso geopolítico y deportivo de Occidente. Y Cristina Fernández de Kirchner no podrá estar allí. La primera gran cita será el Super Bowl LVIX, que se disputará en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta en 2025. El evento, que tradicionalmente convoca a figuras de alto perfil político y empresarial, es uno de los emblemas de la cultura estadounidense. A eso se suman las Finales de la NBA, que cada año configuran una suerte de ceremonia civil en la que el deporte se cruza con la industria del entretenimiento.

Pero el verdadero golpe simbólico llegará en 2026, cuando Estados Unidos, México y Canadá alberguen la Copa Mundial de Fútbol. Será el primer Mundial con 48 selecciones y, además de constituir el evento deportivo más importante del planeta, representará un triunfo logístico y económico para los países anfitriones. En esa misma línea, la ex presidenta argentina tampoco podrá presenciar los Juegos Olímpicos de Verano de Los Ángeles 2028, un evento que concentrará la atención global en la ciudad californiana y que marcará el regreso de los anillos olímpicos a suelo estadounidense después de más de tres décadas.

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La exclusión de Fernández de Kirchner también la mantendrá al margen de eventos de alto impacto diplomático, como el Ryder Cup 2025, un torneo que enfrenta a los mejores golfistas de Estados Unidos y Europa en el Bethpage Black Course de Nueva York, y la Serie Mundial de Béisbol, donde las ciudades más emblemáticas del país vibran al ritmo de las Grandes Ligas. Es especialmente significativo que también se pierda la Final de la Copa América 2028, que se jugará en Miami, en un esfuerzo de la CONMEBOL por fortalecer los vínculos con la Concacaf. Allí, las mejores selecciones del continente se medirán en un espectáculo que fusiona identidad futbolística y orgullo nacional.

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La prohibición tampoco es indiferente al mundo del tenis: el US Open, que cada agosto concentra la atención en Nueva York, es un escaparate de poder y sofisticación que la dirigencia política y económica utiliza para exhibir su influencia. Del mismo modo, el Campeonato Mundial de Atletismo 2027 en Eugene, Oregón, será una oportunidad para proyectar la imagen de un país que busca consolidarse como epicentro deportivo. Estados Unidos despliega así una estrategia que combina el rigor de sus leyes con una clara advertencia: los líderes que transgredan los principios básicos de probidad no solo enfrentarán el rechazo en su país, sino también el aislamiento en la arena internacional. Cristina Fernández de Kirchner no es una excepción. Para ella, la cláusula de integridad que Washington impone a sus fronteras implica una especie de ostracismo contemporáneo, un recordatorio de que el poder político, por longevo que sea, no es suficiente para atravesar la línea roja que divide a los actores internacionales de aquellos que han perdido su legitimidad.

El impacto para la Argentina es profundo, porque una vez más queda demostrado que el prestigio internacional no se recupera con discursos ni gestos simbólicos, sino con hechos concretos. La exclusión de Fernández de Kirchner de estos eventos deportivos y diplomáticos es un golpe directo a la representación política del país en la esfera global, y un recordatorio de que las consecuencias de las acciones individuales trascienden incluso el ocaso del poder.

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