
Milei no cede frente a la demagogia fiscal de la oposición
Redacción Primicia 24
El presidente Javier Milei enfrenta una nueva embestida parlamentaria disfrazada de sensibilidad social: la Cámara de Diputados aprobó por abrumadora mayoría un proyecto que destina fondos extra al sistema universitario y declara la emergencia en salud pediátrica, con foco en el Hospital Garrahan. El oficialismo votó en contra, pero no logró detener el avance del texto, apoyado por 158 legisladores de todos los colores políticos que, lejos de discutir cómo financiar el gasto, se limitaron a aplaudir la demagogia.
Para el Gobierno, este nuevo intento de erosionar el plan económico libertario es apenas otra manifestación del viejo vicio argentino: gastar sin responsabilidad, prometiendo desde el Congreso lo que no se puede pagar desde el Tesoro. La decisión ya está tomada: Milei vetará el proyecto si llega al Ejecutivo, tal como lo hizo con otras iniciativas similares en semanas anteriores. El núcleo del conflicto no está en los destinos del gasto —universidades y salud infantil son, sin dudas, temas sensibles— sino en el oportunismo político con que la oposición los manipula. No es una política pública, es una trampa narrativa. El presidente lo sabe, y por eso el veto no será un gesto de insensibilidad, sino un acto de coherencia.

La oposición busca desestabilizar el plan económico del gobierno
La jugada opositora, cocinada entre radicales, peronistas reciclados y la izquierda universitaria, intenta explotar emocionalmente dos frentes de alto impacto: las universidades, donde el relato kirchnerista aún sobrevive, y la salud pediátrica, que toca la fibra más íntima de la sociedad. Pero detrás del maquillaje emotivo, Milei detecta lo de siempre: gasto clientelar, presupuesto inflado, cajas autónomas y sindicatos universitarios intocables. En privado, funcionarios del Ejecutivo afirman que el Garrahan no está desfinanciado y que las universidades tienen garantizado su funcionamiento con la actualización de partidas ya previstas. Lo que busca el Congreso, explican, es imponer aumentos automáticos atados a inflación que desarticulen el ancla fiscal y reinstalen la lógica del déficit como norma.
En este contexto, el presidente se prepara para un nuevo veto total, sosteniendo que la disciplina fiscal es innegociable. “No vamos a rifar la estabilidad para que algunos legisladores se saquen la foto en el Hospital Garrahan o repartan aplausos en un acto en Filosofía y Letras”, ironizó un asesor presidencial. El gesto no es menor. Milei está decidido a no caer en la trampa del chantaje moral, ese clásico mecanismo del sistema político argentino en el que cualquier intento de austeridad es presentado como crueldad. Pero si algo ha demostrado el libertario es que prefiere pagar el costo político antes que hipotecar el programa económico.

La oposición, por su parte, ensaya una narrativa de resistencia: dicen defender a los chicos enfermos y a los estudiantes, pero callan sobre los mecanismos de control, el origen de los fondos o las metas de desempeño. Se amparan en el número mágico del consenso parlamentario, como si una votación con aplausos pudiera reemplazar el rigor presupuestario. Mientras tanto, el Gobierno prepara su contraofensiva mediática: mostrará los verdaderos números del Garrahan, los aumentos ya aplicados a las universidades y los acuerdos con provincias para optimizar recursos. El mensaje será claro: no se puede gobernar con un Excel populista que suma gastos, pero nunca ingresos.
En el fondo, lo que se juega en esta discusión no es un monto puntual sino la esencia misma del modelo. Para Milei, cada peso no financiado es una bomba fiscal que alguien tendrá que desactivar más adelante. Él eligió hacerlo ahora, con coraje, sin doble discurso y sin miedo al costo político. Desde la Casa Rosada ya advierten que este será solo uno de los múltiples intentos que vendrán. “Van a tratar de colarnos subsidios, aumentos salariales por ley, jubilaciones móviles y toda la basura que nos trajo hasta acá”, anticipó un ministro libertario. “Pero el Presidente ya dijo que no va a negociar con la decadencia.”
La batalla continúa. Y Milei, lejos de ceder, reafirma su carácter: el que vino a cambiar las reglas, no a adaptarse a ellas.


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