
Tareck El Aissami: entre los principales fugitivos de la ICE
Redacción Primicia 24
El ex vicepresidente venezolano dejó sus funciones el año pasado acusado de robar más de 20 mil millones de dolares a las arcas venezolanas. El funcionario chavista, es requerido por la ICE y por la DEA acusado de ser uno de los líderes del Cartel de los Soles.
“En febrero de 2017, la Oficina de Control de Activos de Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos designó a Tareck Zaidan El Aissami, un ciudadano venezolano, como un narcotraficante especialmente designado (SDNT, por sus siglas en inglés) de conformidad con la Ley para la Designación de Cabecillas del Narcotráfico en el Extranjero por jugar un papel significativo en el narcotráfico internacional. El Aissami fue nombrado vicepresidente ejecutivo de Venezuela en enero de 2017. Él sirvió previamente como gobernador del estado de Aragua en Venezuela desde 2012 hasta 2017, como también como ministro de Interior, Justicia y Paz de Venezuela comenzando en 2008. Él facilitó cargamentos de narcóticos desde Venezuela, incluyendo control de aviones que salieron de una base aérea venezolana y rutas de drogas mediante los puertos en Venezuela. En sus antiguas posiciones, él supervisó o fue dueño parcial de cargamentos de narcóticos de más de 1,000 kilogramos desde Venezuela en múltiples ocasiones, incluyendo aquellos con México y los Estados Unidos como destinos finales”, señalan desde el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos.
El irresistible ascenso de Tareck El Aissami
Tareck El Aissami, de 48 años, era un dirigente relativamente desconocido hasta el año 2008, cuando fue nombrado Ministro de Relaciones Interiores y Justicia por Chávez antes de ocupar el viceministerio de Seguridad Ciudadana. Antes, en 2005, había sido parlamentario del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) por Mérida, su Estado natal.

Para entender la confianza que las máximas autoridades chavistas depositaron en él, solo hay que remontarse a uno de sus cometidos. Fue el exmandatrario en persona que confió al criminólogo El Aissami una estrategia ambiciosa para enfrentar el grave aumento de la delincuencia y los homicidios de aquel entonces. Además, el joven dirigente tuvo una inusualmente longeva presencia en el Gabinete: en esos cuatro años su despacho llevó a prisión a varios capos colombianos escondidos en Venezuela, creó la Policía Nacional Bolivariana (PNB) y fundó su institución rectora, la novel Universidad Experimental de la Seguridad. El Aissami fue también uno de los funcionarios chavistas involucrados en la ruptura de relaciones entre Venezuela y la DEA, que se produjo en 2007. La estrategia de El Aissami contra el hampa, a pesar de estos esfuerzos, resultó en un fracaso. Aumentó el número de homicidios, de armas ilegales y de personas armadas, además del trasiego de armas de guerra para el crimen organizado, los secuestros y la violencia en las cárceles. El desborde delictivo se convertiría en una de las grandes máculas de la gestión chavista.
Sibilino, temido, poco dado a declarar, con fama de radical, El Aissami fue abriéndose paso como un cuadro emergente revolucionario. Con el portaviones electoral del comandante Chávez quedó electo como gobernador del Estado Aragua en 2012, un cargo que ocupó hasta el año 2016. En este tiempo tomaron aliento y poder de fuego las llamadas megabandas, grupos de hampones con armas largas organizados en escuadrones de 30 personas, en muchos caminos y pueblos de Venezuela.


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