Crecen las protestas contra la dictadura cubana de Díaz Canel que está punto de colapsar

Las manifestaciones de rechazo popular están aumentando a medida que la crisis económica empeora, superando incluso los años del conocido “período especial”

Internacional 14 de mayo de 2023 Jose Ferras Jose Ferras
Las protestas en Guantanamo
Las protestas en Guantanamo

Ni siquiera la brisa que llega del mar mitiga el soporífero calor en la capital de Cuba. Un señor imperturbable, con una desteñida gorra de los Marlins y una camiseta enguatada zurcida, desafía la canícula, sentado en el muro del malecón con su vara de pescar. En el costado derecho del pescador, hay un pomo plástico de agua y al otro lado una caneca de ron casero. Tres chicas, probablemente después de trasnochar en algún bar privado, previsoras, sacan de sus bolsos chancletas hawaianas y con los tacones al hombro caminan rumbo a casa. Ya para esa hora los rayos del Sol derriten el asfalto. Muy cerca, en una gasolinera conocida como el Tángana, ubicada en el Vedado habanero, una larga fila de automóviles espera para repostar.

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En la cola, el bullicio aumenta. "Me pregunto cuánto más los cubanos vamos a soportar todas estas tonterías. El régimen no tiene ni idea de cómo resolver la crisis. No es solo la falta de combustible, es que simplemente no hay nada. No se puede vivir así. La culpa es nuestra por no ir al Palacio de la Revolución a protestar", exclama un conductor mientras se sienta en el capó de su automóvil. Algunos asienten. Otro conductor se une y acusa a la policía y a los empleados de la gasolinera de corrupción. "Inventan aplicaciones y envían mensajes por WhatsApp para eliminar las colas, pero en realidad aprovechan para robar y vender gasolina de manera clandestina. Aquí todos están sobornados, desde los trabajadores de la estación de servicio hasta el funcionario del gobierno local y la policía. Luego nos dicen que no hay suficiente o que el camión de combustible no ha llegado, como si fuéramos tontos".

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En las esquinas, dos policías observan con nerviosismo el inminente estallido de una protesta, pero optan por no intervenir. Esta escena se ha vuelto común en cualquier lugar público de Cuba, ya sea en una panadería, una farmacia, la sala de emergencias de un hospital o la parada de transporte urbano. El descontento y la frustración de la ciudadanía son como un volcán en erupción. La revolución encabezada por Fidel Castro, que una vez deslumbró a la izquierda europea y latinoamericana, ha naufragado. El barco se está hundiendo y las autoridades intentan evitar encallar. Desde los días de mayo de 1968 en París, cuando los jóvenes manifestantes ondeaban pancartas con la imagen del Che Guevara y destacados intelectuales de todo el mundo buscaban una oportunidad para conversar con el comandante en La Habana, ha transcurrido mucho tiempo.

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De aquella "gloriosa revolución, más verde que las palmas", que prometía justicia social, viviendas dignas para todos los cubanos y un sistema social "de los humildes, por los humildes y para los humildes", solo han quedado discursos desgastados y promesas incumplidas. Muy pocos cubanos todavía se tragan ese relato. La élite militar gobierna sin prestar atención a las demandas del pueblo y se ha convertido en una oligarquía que reside junto con sus familias en las antiguas mansiones confiscadas a la burguesía nacional, en exclusivos vecindarios de La Habana. No sufren carencias materiales y han tejido una red de corrupción que beneficia a sus parientes y amigos cercanos. La revolución cubana, que según las promesas de Fidel Castro sería un proceso democrático con elecciones libres y libertades políticas, se transformó en una dictadura comunista apenas dos años después de llegar al poder. Se cerraron los periódicos, se demonizó la práctica religiosa y se expropiaron negocios grandes, medianos y pequeños pertenecientes a particulares.

¿Cómo reaccionan los lideres mesiánicos a esta realidad?

Después de sesenta y cuatro años, a pesar del evidente fracaso económico y la pérdida de credibilidad política entre la población, el gobernante Miguel Díaz-Canel, designado a dedo por Raúl Castro para liderar el país, se jacta con orgullo de mantener el absurdo. Con cada año que pasa, aumentan las deserciones en las antiguas filas revolucionarias. Incluso aquellos que aparentemente lo respaldan no creen en la narrativa oficial. Es como un juego de espejos. El modelo político vigente en Cuba beneficia a un grupo de burócratas, privilegiados y directivos de empresas importantes, siempre y cuando aplaudan y cumplan las reglas establecidas por el gobierno. Incluso muchos que no creen en la estructura económica parasitaria se han enriquecido gracias al descontrol y la proliferación de carteles mafiosos en las instituciones del país. Obtener un cargo político intermedio implica obtener beneficios como cajas de pollo y alimentos gratuitos o a precios reducidos, asignación de dólares durante viajes al extranjero, automóvil con chofer y una mejora significativa en el nivel de vida.

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Es un acuerdo fácil y lucrativo. A cambio de vivir sin preocupaciones, los líderes aprenden de memoria tres o cuatro frases de Fidel Castro, memorizan consignas partidistas y repiten discursos sobre logros sociales. No se requiere tener un alto nivel cultural o académico. Muchos ni siquiera han leído los manuales del marxismo o tienen un conocimiento profundo de la historia de Cuba. No es necesario. Lo esencial es estar dentro o cerca del equipo que ostenta el poder. Visten guayaberas blancas en eventos oficiales. En su vida privada, usan zapatillas Nike de última generación y navegan por Internet con un iPhone 14 Pro Max.

Díaz Canel

La casta política en Cuba muestra un gran interés por los avances tecnológicos y el "brutal capitalismo occidental" de Estados Unidos. Sin embargo, esta narrativa desgastada del régimen ya no es aceptada por los cubanos comunes. La oposición en la isla, que ha sido hostigada y obligada a emigrar, es mínima y carece de poder de convocatoria. Ahora, la nueva disidencia proviene de los cubanos corrientes, aquellos que han perdido el miedo y se quejan en voz alta. Protestar contra el gobierno ya no es simplemente un pasatiempo en las redes sociales. En cualquier día, se pueden contar numerosas protestas y quejas ciudadanas en todas las provincias. Según el último informe mensual del Observatorio Cubano de Conflictos, se documentaron 711 protestas públicas en la isla, siendo más de la mitad (423) motivadas por cuestiones económicas y sociales.

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La reciente protesta en Caimanera debería ser una advertencia para los estrategas políticos del castrismo. Caimanera no es un municipio cualquiera, sino un pueblo cautivo bajo un estricto control militar y con una gran cantidad de minas terrestres y acuáticas. El argumento de las autoridades de que "tres personas ebrias" fueron las responsables de iniciar la protesta resulta insultante para la inteligencia. Esto ha generado una ola de sospechas y memes en las redes sociales. Hablando en serio, si tres individuos borrachos en una esquina son capaces de movilizar a cientos de personas, entonces el régimen debería tomar nota e implementar una ley seca. Después de todo, beber ron o cerveza en Cuba casi se ha convertido en un deporte nacional.


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