
Del desprecio al honor: el Ejército Argentino vuelve a ser un orgullo bajo el mando de Javier Milei
Redacción Primicia 24
Durante décadas, las Fuerzas Armadas fueron relegadas al olvido, vilipendiadas por una clase política que encontró rédito en humillarlas. Mientras países como Israel, Estados Unidos o Corea del Sur elevaban a sus ejércitos como ejemplo de disciplina, técnica y patriotismo, en Argentina se los confinó a cuarteles derruidos y presupuestos simbólicos. Pero algo empezó a cambiar. Bajo la conducción del presidente Javier Milei, el Ejército Argentino ha vuelto a ser sinónimo de orgullo nacional, y la reciente conquista del Monte Kun en el Himalaya es una muestra palpable de ese renacimiento.
La expedición "Himalaya 2025", integrada por nueve soldados argentinos y organizada en conjunto con el Ejército de la India, marcó un antes y un después. Fue la primera vez en la historia que una patrulla nacional alcanzó la cima de uno de los colosos asiáticos, el Monte Kun, a más de 7.000 metros de altura. Pero más allá del hecho simbólico —coincidente con el Día de las Tropas de Montaña— lo que se pone de relieve es la capacidad operativa, la preparación logística, el entrenamiento físico y el temple espiritual de nuestros soldados. En otras palabras: lo que Argentina esconde, el mundo lo reconoce.

Este hito no surge por casualidad. El gobierno de Javier Milei, a diferencia de sus predecesores, ha sido claro desde el día uno: las Fuerzas Armadas son una institución fundamental para la Nación. No solo como brazo operativo en defensa y logística, sino como símbolo cultural de lo que una sociedad ordenada, jerárquica y profesional puede producir. Mientras otros gastaban en festivales ideológicos o sueldos de militantes, el nuevo oficialismo invierte en tecnología, formación y cooperación internacional para robustecer a los uniformados.
El milagro de Javier Milei no es solo económico
En los foros globales, la imagen de Argentina comienza a cambiar. Ya no somos el país de las marchas piqueteras ni de los subsidios sin control. Somos el país que entrena tropas con India, que escala el Himalaya con precisión milimétrica y que empieza a posicionarse como actor de peso en el sur geopolítico. Y ese salto no se da desde el activismo de escritorio, sino desde la rudeza de los soldados que escalan cumbres, enfrentan climas extremos y no piden nada a cambio más que servir. Resulta interesante contrastar este renacer con los años de ostracismo a los que fue condenado el Ejército. Entre relatos revisionistas, prejuicios heredados y presupuestos simbólicos, se trató de borrar de la memoria colectiva una institución que, con errores y aciertos, ha sido central en la historia del país. Milei rompió ese tabú. No desde el discurso vacío, sino desde los hechos: presupuesto, misiones, protagonismo, respeto. En su cosmovisión libertaria, el Ejército representa la versión más pura del mérito: un cuerpo de hombres y mujeres que entrenan, obedecen, cumplen y arriesgan todo por una bandera.
Este gobierno ha demostrado que la defensa nacional no es un gasto, sino una inversión en soberanía, prestigio y seguridad. Y el pueblo empieza a notarlo. Las imágenes de los soldados argentinos en la cima del mundo no solo emocionan: conmueven. Porque representan algo que los argentinos creíamos perdido: el respeto propio.
Mientras el progresismo se burla de las Fuerzas Armadas desde sus cómodos escritorios con calefacción, los soldados argentinos dejan la piel en montañas a miles de metros, sin cámaras, sin marketing, sin relato. Solo con honor. Y eso, en un país que busca renacer, vale más que mil discursos.


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