
Carta abierta de Diego Ferrón a catorce años del triple crimen de General Rodríguez
Narcotráfico08 de agosto de 2022 Alejandro Attili
“Vengo de una familia de laburo, siempre alquilando, de padres separados. Mi mamá, una luchadora como pocas, crió a sus dos hijos y al mismo tiempo se hizo cargo de su mamá. Mi papá murió cuando yo tenía 20 y pico, por eso con Damián, mi hermano, nos hicimos tan unidos, «culo y calzón». Los dos novieros desde adolescentes, él encontró a los 30 y pico a su gran amor, que le dio a su sol, Martina. Yo me casé a los 19, un enamorado, fui padre a los 20 y a los 25 de mis otros dos amores. Durante muchísimos años compartimos con mamá, la abuela, que falleció antes, y mi hermana, que nació 20 años después que yo, una vida hermosa. Cuñados, suegros, grandes amigos, vacaciones juntos durante 17 años seguidos. Parecíamos los Campanelli. Siempre juntos.
Con Damián hacíamos todo, todo juntos, judo desde los 4 y 5 años de cada uno. Él era un año y cuatro meses mayor que yo. Los mismos colegios, los mismos amigos, fútbol, gimnasio, trabajo, salidas, gustos musicales. La pasión por River. Era mi ídolo. Grandote, rubio, de ojos verdes, una fuerza inigualable, me cuidaba de todo, nunca me dejaba solo, ya de grande se tomaba el colectivo, de Villa Lugano a Ciudad Evita, para que su hermano petiso y flaquito tuviera músculos. Acompañaba a sus sobrinos a judo. Durante 17 años nunca faltó a los partidos de los sábados con sus amigos. Nunca se enojaba, siempre se reía. Era mirarnos a los ojos, un gesto, el tono de voz por teléfono para saber lo que le pasaba al otro. Trabajamos juntos hasta un año y medio antes de que se fuera.

Creía tener una vida inmejorable, pero el 7 de agosto de 2008 cambió todo. Estuve seis días esperándote, mandándote llamadas y alertas al Nextel. Comisarías, DDI, fiscalías, juzgados, la morgue, las pericias. Abogados, canales de televisión, radios, diarios. En estos 14 años no sé cuántas notas di, libros.
El primer día que conocí al fiscal Juan Ignacio Bidone, en Mercedes, lo quise pelear, le dije «yo no miento, vengo a buscar quién mató a mi hermano», luego le creí siempre e hicimos una gran relación.
Después, el juicio oral, que duró tres meses, íbamos dos o tres veces por semana, jornadas que duraban nueve horas o más, nunca falté, iba con mamá y con Zulema, la mamá de Leopoldo Bina.
En el 2015 padecimos la triple fuga de los hermanos Lanatta y Víctor Schillaci, durante quince días. Era Año Nuevo y mi nuera embarazada de mi nieta, mi sol, y yo, otra vez, estaba hablando con Patricia Bullrich y Cristian Ritondo, entonces ministros de Seguridad de la Nación y la provincia de Buenos Aires, me ofrecían custodia, así fue siempre desde 2012, en el juicio salimos custodiados por la Gendarmería, solitos la familia de mi cuñada, mi mujer de entonces, mi nuera, hijos, hermana, ellos tres adolescentes, y dos amigos entrañables en una causa de las más conocidas de la historia argentina, que destapó el tráfico de 40 toneladas de efedrina, nada más y nada menos, importada desde China e India y triangulada desde la Argentina hacia los cárteles mexicanos.
Hice mil locuras, hice el recorrido de tu camioneta, investigué, leí todos los días. Sigo leyendo.
En el 2016 tuve cinco intentos de suicidio, pero acá estoy. Por vos, por mi familia.

En el medio me divorcié. Después conocí a mi nueva mujer y creí que también era para siempre, yo la amo, pero tampoco pudo bancar mi locura, no la culpo, esta causa te lleva puesto. Fui a psicólogos, fui a psiquiatras. Vi a mi madre, que es un fierro, quedarse en el tiempo. No pude ayudar a mi cuñada con mi sobrina. Mis hijos sufrieron daños emocionales irreparables, tenían 11 y 16, y mi hermana tenía 17, vivieron una locura, mía y de todos.
Ya son 14 años de locura: fiscales, jueces, policías, narcos, SIDE, DEA, políticos y en el medio, este loco que sigue. Quizás algún día tenga paz, no sé si voy a lograr más en esta causa, pero es difícil tener una vida normal y vivir en pareja, en el fondo todos deseamos vivir en paz.
Agradezco a todos los que siempre están, familia, amigos, doctor Miguel Ángel Pierri, periodistas, a la gente de la Justicia que no quiere que los nombre, pero son grandes seres humanos y me ayudan en todo. Y pido disculpas por mi locura, mi ira, mis errores y las cosas que no pude manejar”.


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