Internacional Por: Jose Ferras22 de marzo de 2026

El Papa, la paz y el problema de no nombrar al agresor

El Papa León XIV pidió el fin de la guerra, pero su neutralidad omite el rol de Irán y expone el riesgo de una peligrosa equivalencia moral con el terrorismo

Hay una escena que se repite con sospechosa regularidad en la historia del Vaticano: cuando el mundo arde, la Santa Sede convoca a la paz. El gesto es noble. El problema es lo que queda afuera del discurso.

Este domingo, ante los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, el papa León XIV calificó la guerra en Medio Oriente como un "escándalo para toda la familia humana" y reclamó el cese inmediato de las hostilidades. Palabras duras, tono solemne, genuina preocupación humanitaria. Nadie que escuche al Pontífice puede dudar de la sinceridad del dolor que expresa. Pero la neutralidad moral tiene un costo. Y en este conflicto, ese costo es inaceptable.

Porque lo que León XIV llamó genéricamente "la guerra" tiene un origen preciso. Tiene una fecha. Tiene un agresor y tiene una víctima. Israel no eligió este conflicto: lo heredó de un ataque sistemático orquestado por Irán, un régimen que financia milicias a lo largo de todo el arco del Medio Oriente, que lanzó misiles contra la Ciudad Vieja de Jerusalén, que apuntó sus proyectiles a Dimona —donde se encuentra la principal instalación nuclear israelí— y que hoy amenaza con destruir infraestructuras energéticas en Arabia Saudita, Qatar y los Emiratos si Estados Unidos responde a sus provocaciones. Un régimen, además, que no reconoce el derecho de Israel a existir.

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El llamado papal al diálogo "basado en el respeto a la dignidad de cada persona humana" es precisamente lo que Israel defiende. Es lo que defiende una democracia pluralista, con partidos árabes en su parlamento y una Corte Suprema que puede frenar al propio gobierno, cuando enfrenta a una teocracia que ahorca homosexuales, suprime a las mujeres y exporta el terror como política de Estado.

Pedir que "cesen las hostilidades" sin establecer quién las desató y por qué razón no es neutralidad: es una forma de equivalencia moral que beneficia al agresor. Cuando dos partes son convocadas al mismo tribunal de la paz, la que tiene razón queda equiparada a la que no la tiene.

La histórica mirada de la Iglesia Católica

La Iglesia Católica tiene una larga y honrosa tradición de mediación. También tiene una historia más incómoda de silencios estratégicos en momentos donde la claridad era indispensable. León XIV es un Papa que llegó con vocación de reforma y que ha dado señales de apertura en múltiples frentes. Precisamente por eso, sus palabras importan. Y es precisamente por eso que su llamado genérico a la paz decepciona.

Hay una diferencia entre rezar por el fin del sufrimiento —lo que cualquier persona de fe puede y debe hacer— y equiparar en el mismo párrafo al Estado que lanza misiles contra zonas residenciales con el Estado que los intercepta. Israel no está librando una guerra de conquista. Está respondiendo, en el marco de un conflicto existencial, a décadas de acoso organizado por un adversario que no quiere negociar: quiere que Israel desaparezca.

El Papa dijo que "lo que les hace daño a ellos, hace daño a toda la humanidad". Tiene razón. Pero la humanidad también se daña cuando se le pide a una democracia que baje los brazos frente a quienes la quieren destruir, sin exigirle primero a su agresor que abandone ese propósito.

"No podemos permanecer en silencio", dijo León XIV. Es cierto. Tampoco se puede hablar sin nombrar a los responsables.

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